
Bethsabé H, Escritora y feminista
Si no fuera por el mañana,
este sería el país del mañana
Mafalda
Las viscisitudes de la Copa Mundial de Fútbol masculino y los permenores de la peruana que habría sido espía rusa en Estados Unidos catapultaron a un papel secundario una nueva tragedia ecológica que azotó ahora al departamento de Huancavelica. Con este son ya dos los atentados perpetrados contra nuestro medio ambiente y ambos comprometen nuestras aguas, el bien más preciado que hay sobre la tierra.
La Minera Caudalosa Chica es la responsable de que una gran cantidad de relave (21,420 m3) haya caído en el río Opamayo, provincia de Angareas, región Huancavelica. El relave es desecho tóxico con alta concentración en químicos, proveniente de procesos mineros, mezcla de tierra, minerales, agua y roca. Casi inmediatamente, muchos pobladores que viven en las zonas aledañas al río pudieron observar peces flotando muertos en las aguas, mucho antes de que fueran advertidos del desastre. El desastre sería mayor si se considera que el Opamayo es uno de los ríos que desemboca en el Urubamba en Cuzco. Actualmente se considera que el Opamayo está en un 80% contaminado, lo que lo inhabilitaría como fuente de abastecimiento de los varios poblados que lo tienen como único provedor de agua tanto para consumo directo como para irrigación de cultivos. Huancavelica se encuentra en estos momentos en estado de emergencia ambiental.
Huancavelica es una zona tristemente famosa en nuestro país por contar con los más altos porcentajes de pobreza, según cifras oficiales. Sin embargo, es una tierra fértil que cuenta con caudalosos ríos, grandes extensiones de terreno cultivable, hermosos paisajes y recursos naturales innumerables. Es una traición a la población y su armoniosa geografía la constante explotación minera que ocasiona graves daños humanos y que atenta contra la agricultura y la ganadería, que son sus principales medios de subsistencia. Aunque se han repetido las quejas de parte de los pobladores, a través de la Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería (CONACAMI), las mineras Caudalosa Chica y Buenaventura siguen en pie.
Semanas atrás, Pluspetrol era la responsable de que alrededor de 400 barriles de petróleo se derramaran, en una extensión aproximada de 80 kilómetros, en el Río Marañón, uno de los principales afluentes del Río Amazonas, en la región Loreto. Unas 28 comunidades nativas y 4000 pobladores de los distritos de Parinari y Urarinas se vieron afectados en vista de que el Marañón es su única fuente de abastecimiento de agua. A su vez, el tramo del Marañón contaminado rodea la Reserva Pacaya Samiria, hecho que la mayoría de los periódicos ha olvidado mencionar, lo que sin duda agrava sobre manera el impacto ecológico.
Pacaya Samiria es la reserva ecológica más grande del Perú, con una extensión de más de 2 millones de hectáreas, en cuyo territorio sobreviven una gran cantidad de especies amenazadas como los delfines rosados (en la imagen), nutrias gigantes y caimanes negros. Es uno de los lugares con mayor riqueza biológica del planeta. Por la cantidad de fuentes de agua que posee, se le conoce también como “la tierra de los ríos espejos”.
La Federación de Comunidades Nativas del Río Corrientes (FECONACO), habría denunciado a Pluspetrol por 5 derrames en el 2007 y 18 derrames en el 2008 ante el Organismo Supervisor en Energía y Minería (Osinergim), sin que esta entidad tomara ninguna medida al respecto, desoyendo su mandato por la protección de la población y el medio ambiente en el entorno minero. También la Organización de Pueblos Indígenas del Oriente, ORPIO, ha demandado al Estado por no proteger los intereses de la población, por desatender nuestro medio ambiente y favorecer a los grandes capitales petroleros.
Meses atrás, una fuerte protesta social encabezada por los dirigentes del valle del Tambo (Islay, Arequipa), en defensa de la tierra y en contra de un proyecto de excavación minera de la Southern Perú, levantaba a la opinión pública contra los que se consideran revoltosos, contra quienes van en contra de lo que es llamado “progreso”. Hoy ese “progreso” contamina nuestros ríos, nuestras tierras y nuestro mayor tesoro, la riqueza ecológica de nuestro Perú.
No entiendo cómo una posible espía o un campeonato deportivo puede girar los ojos ante hechos de magnitudes tan graves como las aquí descritas. Las cortinas de humo funcionan, pero no deben cegarnos ante la urgencia de hacer que el Estado responda a los intereses de todos los peruanos y peruanas y no a un grupo de inversionistas. Cuando un país como el nuestro con una tal variedad de hábitas naturales invaluables sufre atentados como estos es necesario tomar las calles, hacer un paro, al menos, alzar la voz.
La explotación minera como la petrolífica desde siempre ha estado peleada con un ambiente de respeto del medio ambiente, pues aún si los organismos reguladores funcionaran y no estuvieran vendidos a los capitales a los que deben fiscalizar (como ocurre con la mayoría de nuestros organismos reguladores), no hay 100% de garantía de que un desastre ecológico ocurra, pensemos en las costas de Florida hoy tristemente contaminadas con petróleo y toda la fauna marina que ha muerto en el golfo. En estos casos la eficiencia es la prevención pues después de ocurrido un desastre, ya no hay remedio posible, ni suma de dinero capaces de hacer renacer especies muertas, de recrear un río o de limpiar mares contaminados. En este caso el mañana es hoy, de lo contrario ya no hay posibilidad de futuro.
Un video prohibido en Argentina que denuncia los efectos nocivos de la extracción minera a gran escala en ese país nos señala que además de la indudable responsabilidad del Estado de proteger los recursos naturales y garantizar un uso sostenible de los mismos, como consumidores también podemos y debemos hacer algo. Un solo anillo de oro equivale a 18 toneladas de desechos tóxicos. Para separar el oro de la roca en un día se utilizan 10 toneladas de cianuro y 300 mil m2 de agua potable. El cianuro es letal. Este video denuncia además que usualmente los depósitos de relaves colapsan y el agua contaminada cae en ríos y fuentes naturales del líquido elemento básico para la vida, como acaba de ocurrir en Huancavelica.
El mayor legado que para mí nos ha dejado las culturas prehispánicas es el respeto a la naturaleza, la adaptación a una geografía agreste y rica, la conquista de la naturaleza no por la fuerza, la violencia y la destrucción, sino en convivencia armónica con la misma. Este aprendizaje debería guiar hoy las acciones del Estado, de los pobladores, de los consumidores y de la población en general. Porque el agua y la vida no se negocian. El Perú debe pensar en qué imagen de progreso quiere vislumbrar, una en la que la minería siga siendo una de las principales fuentes de impulso a la economía, en contra de nuestra ecología, o aquella en la que eso que nos distingue como país diverso y único, como paraíso natural y cultural, dicte el norte de nuestras acciones.
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